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miércoles, 24 de abril de 2019

Palabra inventada: madrugarexia

Madrugarexia: es la alergia causada al despertarse pronto. Se nace con ese rechazo o repugnancia a despertarse temprano. La lástima, no hay cura (y más cuando eres estudiante o trabajador), ni con los años se va de su cuerpo.
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martes, 23 de abril de 2019

Redacción Camino de Santiago

Paloma Martín Rubio.

El camino De Santiago, una experiencia estupenda e inolvidable en la que conoces gente maravillosa y las cuales congenian muy bien contigo y además, reflexionas y aprendes a convivir un poco más con personas y con uno mismo.

La etapa que voy a destacar va a ser la quinta, era la más larga (de 28,8km) y la más dura para los demás, supongo. Digo supongo porque yo tuve que quedarme en la furgoneta.


La etapa que me resultó más fuerte fue la del día de antes, llegue más tarde que todo el grupo ya que no podía más con el dolor de rodilla que tenía. Fue un día muy difícil, sabía que no podía más y que posiblemente, por la enfermedad de mi rodilla podría quedarme sin caminar algún día.


Llegué con Laia, bastante después que nuestros compañeros, no voy a dar detalles pero no fue muy bien. Nuestra amiga Paloma nos esperó para comer juntas. Comiendo no me sentía muy bien, tenía muchos pensamientos y una rara tristeza.
Después de comer, me llevaron a urgencias. Sentí mucho pánico, ya que no sabía si me podía ir a Madrid por eso y yo quería acabar en Santiago, caminando, porque para eso fui. Además, unas palabras de Sergio agudizaron el sentimiento ya que me afirmó poder volver a mi casa y como ya he dicho, no quería eso. Aunque todo acabó cuando el médico me dijo que con podía seguir si me lo tomaba con calma.


El día de la quinta etapa me desperté, la verdad, sin ninguna prisa. Había dejado todo hecho por la noche y no tenía que prepararme igual de deprisa como si saliese a caminar con todo el grupo.
Me quede en el albergue con otros cinco compañeros que tampoco podían caminar.

Empecé aburriéndome un montón. Además, me veía ahí sentada, con la pierna estirada y el hielo... y pasaban muchas cosas por mi cabeza...
Después, llegó Pini con muchísimo fiambre para hacer los bocadillos de nuestros compañeros. Ahí echamos toda la mañana. Que por cierto, estoy segura de que si ese día no llegamos a ser tantos, entre los dos profesores que quedaban para conducir las dos furgonetas, no podrían haber hecho solos los doscientos diez bocatas, ya que había que entregárselo al grupo en el descanso y no les daría tiempo.


La media mañana ya había pasado. Después, fuimos a recoger la comida, eran unas empanadas de distintos tipos... y llegamos al lugar de encuentro para comer, ya que nuestros compañeros después seguirían caminando.



En toda la mañana yo me relacioné con mis compañeros y estuvimos compartiendo reflexiones, porque la verdad eran necesarias. Sé que la gente pensaría “qué morro van en la furgoneta” pero realmente ellos no saben lo que te toca la moral, ya que tú has ido a caminar y no puedes hacerlo porque tu cuerpo no te deja.



Ellos fueron muy majos conmigo y unos a otros nos apoyamos y nos escuchamos, de hecho ahora tengo un nuevo grupo de amigos, y dos de ellos están en él.


Cuando comenzaron a caminar de nuevo para terminar la etapa, nosotros fuimos a los albergues, ese día el albergue que nos había tocado a cuarto de la ESO y primero de Bachillerato era una maravilla.

Esperándoles, dos compañeros y yo fuimos a una farmacia. Yo me compré una rodillera para poder caminar los siguientes días y sentir la rodilla más sujeta, además, me lo había recomendado el médico. Mis compañeros se compraron una tobillera y una crema.
Justo cuando salíamos de la farmacia les vimos llegar así que ya podríamos estar todos juntos.

Esa tarde me quedé en la cama reposando la rodilla porque al día siguiente iba a caminar y a la hora de la cena, mi ex-tutor, Álvaro, me pidió que diera las buenas noches.Iban sobre nuestras limitaciones, yo me moría de los nervios y de la vergüenza pero, debía darlas, ya que me lo pidió él (y le tengo mucho cariño) y porque pienso que no estaba mal que la gente escuchara como se sentía una chica que había tenido que ir en furgoneta, porque no es todo tan guay como los demás piensan.
Cuando las di, me quedé muy a gusto y orgullosa de mi misma. También me gustó ver como él se sentía orgulloso de mí, ya que esos días necesitaba un poco de ánimo.
Para terminar, nos fuimos a dormir y lo hice genial. Creo recordar que dormí toda la noche seguida, algo muy difícil cuando duermes fuera de casa y rodeado de gente.


En fin, yo sabía que si no descansaba un día no iba a poder seguir, porque el día de antes ya llegué una hora más tarde que todo el grupo y caminaba fatal, si no llego a descansar esa etapa no se como habría acabado. Pero lo importante es que lo acabé y sentí muchísima felicidad.

El siguiente día lo hice sin mochila, como me dijo el médico. Pero el último día lleve la mochila y además, decidí quitarme la rodillera e ir sin nada. Llegar a Santiago como los demás.

Por supuesto, es un camino muy duro pero no se es consciente de cuánto merece la pena hasta que lo haces. Estoy segura de que lo repetiré.
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viernes, 19 de octubre de 2018

Un pequeño caos. Paloma Martín


11/09/2018


Allí me encontraba, en medio del patio del colegio, me sentía entre nerviosa, eufórica y despistada.

Miraba alrededor para encontrar a mis amigos, algunos a los que no veía desde principio de verano y estaba deseándoles ver.

Encima, llegaba tarde, como siempre claro, para no perder la costumbre. Iba con mi amigo Javi, quien estaba de los nervios porque el primer día no quería llegar tarde, pero si vas conmigo siempre ocurrirá.

Me desperté contenta, aunque nerviosa, iba a volver a tener una rutina, la cual tanto deseaba, sé que luego me arrepentiría de desearla, pero, ya estaba cansada de no hacer nada.

Pero, todo se torció en un instante, lo primero que hago al despertar es coger el móvil (sí, no está bien, lo sé).  La noche anterior se apagó, no tenía batería y por alguna razón, mi cerebro no quiso acordarse del PIN, la tarjeta no tenía ni dos meses pero estaba segura de que me lo sabía, ya me lo había aprendido, no era la primera vez que tenía que escribir el PIN.

Pero por más que quería no lo recordaba, tenía unas cuatro combinaciones en mi cabeza, diferentes, probé dos y ninguna era, solo quedaba un intento.   Mi madre, nerviosa, estaba buscando la tarjeta donde viene el Puk y el PIN por toda la casa, le hice sacar muchísimas cajas de los armarios, el salón estaba empantanado, pero la tarjeta no aparecía.

Es verdad que cuanto más necesitas algo, no aparece por ningún lado.

Iba demasiado bien de tiempo, ni yo me lo creía, pero me empecé a poner nerviosa al pensar que no se iba a encontrar, además, pasaría el día entero fuera de casa, LO NECESITABA.

Me vestí, sin ganas, encima, ya se olían las prisas y la falta de tiempo, quedaban 20 minutos. Se me ocurrió llamar a mi compañía de teléfono, y lo hizo mi madre mientras yo me preparaba. Tuve que parar de prepararme e ir yo a hablar con la señorita ya que mi conversación sería más fluida y rápida. Padres y tecnologías no son muy compatibles…

Ella me dijo que fallase el último intento para poner un número nuevo, el cual fuese a recordar con facilidad, pero, yo me seguía comiendo la cabeza, estaba casi segura de una combinación, la probé y ESA ERA.

Súper entusiasmada le di las gracias a la chica y le dije que ya no hacía falta, pero ya no quedaba tiempo, me maquillé, me peine… y me fui de casa con el pensamiento de haber perdido el tiempo, olvide agradecerle a mi madre todo el tiempo y el esfuerzo que estuvo haciendo para intentar ayudarme, así que muy sensible, nada más salir de casa, le escribí un mensaje, y por fin me sentí bien y agusto.

Pero por otro lado, Javi me esperaba impaciente en la puerta de mi casa, llegábamos tarde, fuimos lo más rápido posible y al llegar, todos estaban allí en el patio todavía, todo ese esfuerzo de correr, ¿para qué?

Se me olvidaba, pero debe ser que, también se me olvido desayunar… me lleve un Cola Cao en una botella de agua. Lo tome por el camino.

Parece que el día iba de hacer cosas innecesarias o así lo sentía yo. Aunque obviamente, no se podía llegar tarde al colegio. Pero qué más da, llegamos bien y es lo importante. Incluso me dio tiempo a saludar a mis amigas y que me presentasen a gente nueva…

Llegó la hora de entrar, estaba muy nerviosa, quería tener a alguna amiga en clase. Estuvimos en la presentación y empezaron a decir las clases. Lo bueno, me tocó 1ºA, me fui del teatro la primera. Así ya no tenía que estar esperando más tiempo. Aún seguía nerviosa, un poco menos, pero, ¿quién sería mi tutora?, ¿por qué hay tantas caras nuevas? Bueno, es una etapa nueva, había que saber afrontarla. (La verdad que esos nervios me duraron hasta los dos días de clase siguientes, pero ya tengo confianza, puedo hablar con cualquier profesor y no me da vergüenza, sigamos…)

Resulto que, en verdad, en mi clase había más antiguos alumnos que nuevos. Y pasando lista Begoña, la tutora, me tocó, ‘Paloma Martín’ dijo, levanté la mano, miré para atrás y otra chica tenía la mano levantada también. ¿Qué pasa aquí? ¿se llama como yo? Era nueva, parecía maja, pero dije, ‘joer, qué coincidencia…’ pero no, ella es Martínez…

Creo que me sentí agusto en la clase.

Cuando salimos, nos fuimos mi grupo de amigas y yo a comer al KFC de Atocha. Salimos a la una y media pero... tuvimos que esperar hasta las tres. Claudia, una muy buena amiga, se ha cambiado de colegio y tuvimos que esperarle. Cuando llegó me hizo muchísima ilusión verla, estaba súper morena del verano, y guapa. Nos dirigimos al restaurante y comimos. Más tarde, propuse ir a mi casa a coger el juego ‘Party’, bebida y una toalla grande para sentarnos en el césped las siete chicas que íbamos.

Fuimos a la urbanización de Irene y ahí estuvimos todas, jugando y disfrutando juntas, por fin. Me lo pase tan bien… son mis amigas.

Me fui a casa a las ocho, ya estaba cansada. Más tarde, les conté todo mi día a mis padres y las nuevas curiosidades y después, cenamos algo.

Ya era hora de que este desastrillo se fuese a dormir hasta el día siguiente… Había sido un día demasiado movido desde por la mañana… así que, este pequeño caos se iba a dormir…

¡Dulces sueños!


Paloma Martín Rubio 1ºA Bach.
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