11/09/2018
Allí me
encontraba, en medio del patio del colegio, me sentía entre nerviosa, eufórica
y despistada.
Miraba alrededor para encontrar a
mis amigos, algunos a los que no veía desde principio de verano y estaba
deseándoles ver.
Encima, llegaba tarde, como
siempre claro, para no perder la costumbre. Iba con mi amigo Javi, quien estaba
de los nervios porque el primer día no quería llegar tarde, pero si vas conmigo
siempre ocurrirá.
Me desperté contenta,
aunque nerviosa, iba a volver a tener una rutina, la cual tanto deseaba, sé que
luego me arrepentiría de desearla, pero, ya estaba cansada de no hacer nada.
Pero, todo se torció en un
instante, lo primero que hago al despertar es coger el móvil (sí, no está bien,
lo sé). La noche anterior se apagó, no
tenía batería y por alguna razón, mi cerebro no quiso acordarse del PIN, la
tarjeta no tenía ni dos meses pero estaba segura de que me lo sabía, ya me lo
había aprendido, no era la primera vez que tenía que escribir el PIN.
Pero por más que quería no lo
recordaba, tenía unas cuatro combinaciones en mi cabeza, diferentes, probé dos
y ninguna era, solo quedaba un intento. Mi
madre, nerviosa, estaba buscando la tarjeta donde viene el Puk y el PIN por
toda la casa, le hice sacar muchísimas cajas de los armarios, el salón estaba
empantanado, pero la tarjeta no aparecía.
Es verdad que cuanto más
necesitas algo, no aparece por ningún lado.
Iba demasiado bien de tiempo, ni
yo me lo creía, pero me empecé a poner nerviosa al pensar que no se iba a encontrar,
además, pasaría el día entero fuera de casa, LO NECESITABA.
Me vestí, sin ganas, encima, ya
se olían las prisas y la falta de tiempo, quedaban 20 minutos. Se me ocurrió
llamar a mi compañía de teléfono, y lo hizo mi madre mientras yo me preparaba.
Tuve que parar de prepararme e ir yo a hablar con la señorita ya que mi
conversación sería más fluida y rápida. Padres y tecnologías no son muy
compatibles…
Ella me dijo que fallase el último
intento para poner un número nuevo, el cual fuese a recordar con facilidad,
pero, yo me seguía comiendo la cabeza, estaba casi segura de una combinación,
la probé y ESA ERA.
Súper entusiasmada le di las
gracias a la chica y le dije que ya no hacía falta, pero ya no quedaba tiempo,
me maquillé, me peine… y me fui de casa con el pensamiento de haber perdido el
tiempo, olvide agradecerle a mi madre todo el tiempo y el esfuerzo que estuvo
haciendo para intentar ayudarme, así que muy sensible, nada más salir de casa,
le escribí un mensaje, y por fin me sentí bien y agusto.
Pero por otro lado, Javi me
esperaba impaciente en la puerta de mi casa, llegábamos tarde, fuimos lo más
rápido posible y al llegar, todos estaban allí en el patio todavía, todo ese esfuerzo
de correr, ¿para qué?
Se me olvidaba, pero debe ser
que, también se me olvido desayunar… me lleve un Cola Cao en una botella de
agua. Lo tome por el camino.
Parece que el día iba de hacer
cosas innecesarias o así lo sentía yo. Aunque obviamente, no se podía llegar
tarde al colegio. Pero qué más da, llegamos bien y es lo importante. Incluso me
dio tiempo a saludar a mis amigas y que me presentasen a gente nueva…
Llegó la hora de entrar, estaba
muy nerviosa, quería tener a alguna amiga en clase. Estuvimos en la
presentación y empezaron a decir las clases. Lo bueno, me tocó 1ºA, me fui del
teatro la primera. Así ya no tenía que estar esperando más tiempo. Aún seguía
nerviosa, un poco menos, pero, ¿quién sería mi tutora?, ¿por qué hay tantas
caras nuevas? Bueno, es una etapa nueva, había que saber afrontarla. (La verdad
que esos nervios me duraron hasta los dos días de clase siguientes, pero ya
tengo confianza, puedo hablar con cualquier profesor y no me da vergüenza,
sigamos…)
Resulto que, en verdad, en mi
clase había más antiguos alumnos que nuevos. Y pasando lista Begoña, la tutora,
me tocó, ‘Paloma Martín’ dijo, levanté la mano, miré para atrás y otra chica
tenía la mano levantada también. ¿Qué pasa aquí? ¿se llama como yo? Era nueva,
parecía maja, pero dije, ‘joer, qué coincidencia…’ pero no, ella es Martínez…
Creo que me sentí agusto en la
clase.
Cuando salimos, nos fuimos mi
grupo de amigas y yo a comer al KFC de Atocha. Salimos a la una y media pero...
tuvimos que esperar hasta las tres. Claudia, una muy buena amiga, se ha
cambiado de colegio y tuvimos que esperarle. Cuando llegó me hizo muchísima
ilusión verla, estaba súper morena del verano, y guapa. Nos dirigimos al
restaurante y comimos. Más tarde, propuse ir a mi casa a coger el juego ‘Party’,
bebida y una toalla grande para sentarnos en el césped las siete chicas que
íbamos.
Fuimos a la urbanización de Irene
y ahí estuvimos todas, jugando y disfrutando juntas, por fin. Me lo pase tan
bien… son mis amigas.
Me fui a casa a las ocho, ya
estaba cansada. Más tarde, les conté todo mi día a mis padres y las nuevas
curiosidades y después, cenamos algo.
Ya era hora de que este
desastrillo se fuese a dormir hasta el día siguiente… Había sido un día
demasiado movido desde por la mañana… así que, este pequeño caos se iba a
dormir…
¡Dulces sueños!
Paloma Martín Rubio 1ºA Bach.
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