viernes, 19 de octubre de 2018

Un pequeño caos. Paloma Martín


11/09/2018


Allí me encontraba, en medio del patio del colegio, me sentía entre nerviosa, eufórica y despistada.

Miraba alrededor para encontrar a mis amigos, algunos a los que no veía desde principio de verano y estaba deseándoles ver.

Encima, llegaba tarde, como siempre claro, para no perder la costumbre. Iba con mi amigo Javi, quien estaba de los nervios porque el primer día no quería llegar tarde, pero si vas conmigo siempre ocurrirá.

Me desperté contenta, aunque nerviosa, iba a volver a tener una rutina, la cual tanto deseaba, sé que luego me arrepentiría de desearla, pero, ya estaba cansada de no hacer nada.

Pero, todo se torció en un instante, lo primero que hago al despertar es coger el móvil (sí, no está bien, lo sé).  La noche anterior se apagó, no tenía batería y por alguna razón, mi cerebro no quiso acordarse del PIN, la tarjeta no tenía ni dos meses pero estaba segura de que me lo sabía, ya me lo había aprendido, no era la primera vez que tenía que escribir el PIN.

Pero por más que quería no lo recordaba, tenía unas cuatro combinaciones en mi cabeza, diferentes, probé dos y ninguna era, solo quedaba un intento.   Mi madre, nerviosa, estaba buscando la tarjeta donde viene el Puk y el PIN por toda la casa, le hice sacar muchísimas cajas de los armarios, el salón estaba empantanado, pero la tarjeta no aparecía.

Es verdad que cuanto más necesitas algo, no aparece por ningún lado.

Iba demasiado bien de tiempo, ni yo me lo creía, pero me empecé a poner nerviosa al pensar que no se iba a encontrar, además, pasaría el día entero fuera de casa, LO NECESITABA.

Me vestí, sin ganas, encima, ya se olían las prisas y la falta de tiempo, quedaban 20 minutos. Se me ocurrió llamar a mi compañía de teléfono, y lo hizo mi madre mientras yo me preparaba. Tuve que parar de prepararme e ir yo a hablar con la señorita ya que mi conversación sería más fluida y rápida. Padres y tecnologías no son muy compatibles…

Ella me dijo que fallase el último intento para poner un número nuevo, el cual fuese a recordar con facilidad, pero, yo me seguía comiendo la cabeza, estaba casi segura de una combinación, la probé y ESA ERA.

Súper entusiasmada le di las gracias a la chica y le dije que ya no hacía falta, pero ya no quedaba tiempo, me maquillé, me peine… y me fui de casa con el pensamiento de haber perdido el tiempo, olvide agradecerle a mi madre todo el tiempo y el esfuerzo que estuvo haciendo para intentar ayudarme, así que muy sensible, nada más salir de casa, le escribí un mensaje, y por fin me sentí bien y agusto.

Pero por otro lado, Javi me esperaba impaciente en la puerta de mi casa, llegábamos tarde, fuimos lo más rápido posible y al llegar, todos estaban allí en el patio todavía, todo ese esfuerzo de correr, ¿para qué?

Se me olvidaba, pero debe ser que, también se me olvido desayunar… me lleve un Cola Cao en una botella de agua. Lo tome por el camino.

Parece que el día iba de hacer cosas innecesarias o así lo sentía yo. Aunque obviamente, no se podía llegar tarde al colegio. Pero qué más da, llegamos bien y es lo importante. Incluso me dio tiempo a saludar a mis amigas y que me presentasen a gente nueva…

Llegó la hora de entrar, estaba muy nerviosa, quería tener a alguna amiga en clase. Estuvimos en la presentación y empezaron a decir las clases. Lo bueno, me tocó 1ºA, me fui del teatro la primera. Así ya no tenía que estar esperando más tiempo. Aún seguía nerviosa, un poco menos, pero, ¿quién sería mi tutora?, ¿por qué hay tantas caras nuevas? Bueno, es una etapa nueva, había que saber afrontarla. (La verdad que esos nervios me duraron hasta los dos días de clase siguientes, pero ya tengo confianza, puedo hablar con cualquier profesor y no me da vergüenza, sigamos…)

Resulto que, en verdad, en mi clase había más antiguos alumnos que nuevos. Y pasando lista Begoña, la tutora, me tocó, ‘Paloma Martín’ dijo, levanté la mano, miré para atrás y otra chica tenía la mano levantada también. ¿Qué pasa aquí? ¿se llama como yo? Era nueva, parecía maja, pero dije, ‘joer, qué coincidencia…’ pero no, ella es Martínez…

Creo que me sentí agusto en la clase.

Cuando salimos, nos fuimos mi grupo de amigas y yo a comer al KFC de Atocha. Salimos a la una y media pero... tuvimos que esperar hasta las tres. Claudia, una muy buena amiga, se ha cambiado de colegio y tuvimos que esperarle. Cuando llegó me hizo muchísima ilusión verla, estaba súper morena del verano, y guapa. Nos dirigimos al restaurante y comimos. Más tarde, propuse ir a mi casa a coger el juego ‘Party’, bebida y una toalla grande para sentarnos en el césped las siete chicas que íbamos.

Fuimos a la urbanización de Irene y ahí estuvimos todas, jugando y disfrutando juntas, por fin. Me lo pase tan bien… son mis amigas.

Me fui a casa a las ocho, ya estaba cansada. Más tarde, les conté todo mi día a mis padres y las nuevas curiosidades y después, cenamos algo.

Ya era hora de que este desastrillo se fuese a dormir hasta el día siguiente… Había sido un día demasiado movido desde por la mañana… así que, este pequeño caos se iba a dormir…

¡Dulces sueños!


Paloma Martín Rubio 1ºA Bach.

0 comentarios:

Publicar un comentario