martes, 30 de octubre de 2018

Nueva etapa, nueva era.

Llevo ya mes y medio de clase, y cuando miro atrás, hacia mis inicios del curso, ya puedo ver todo lo que está por venir.

Todo comenzó al final del verano, aun no habían empezado las clases, pero yo ya notaba otro ambiente en mi día a día, ya no sentía esas vibraciones que me decían que me quedara en la cama todo el día y por ahí toda la noche. Ya podía oler desde lejos las responsabilidades y la vuelta a la rutina, pero me lo tomé con humor, hasta el 10 de septiembre.

Mi primer día fue lo segundo mejor del curso, a pesar de que me levanté a las 7 para llegar a las 8, ya que no sabía que entrabamos a las 11:30, estaba bastante alegre, debido a que volví a ver a todos mis compañeros de anteriores años, y también vi nuevas caras, a las que no me atreví a hablar. Empecé con bastante ilusión el curso, y con ganas de seguir para adelante.

Los primeros días empezaron bien, aparte de liarme con la hora el primer día claro… Todo fue bastante fluido y liviano, poco a poco empezaba a conocer a nueva gente, lo cual me alegró bastante ya que me encanta conocer gente nueva con sus diferentes personalidades e historias.

Relacionado con las clases, la verdad al principio tenía miedo en alguna que otra asignatura, por la reputación de mi hermano, pero después de hablar con el sobre sus profesores y los míos, excepto uno o dos, todos eran diferentes, que quieras o no, es un punto a mi favor. La verdad es que ya conocía a algunos, porque llevo en este colegio desde infantil, y los que no conocía han acabado por ser bastante majos.

Y después de conocer todos los profesores y de como imparte la materia cada uno, llegó lo que más me ha gustado de todo lo que llevamos de curso (de momento). La compra de vuelta al cole. Entré a la papelería de mi barrio, y me puse a comprar compulsivamente bolígrafos, cuadernos, pinturas de colores, incluso compré una grapadora nueva, que seguramente no usaré en todo el año y perderé. Después llegué a casa y organicé mi habitación con un ambiente mas académico y no tan de ocio.

Ahora mismo, esa ilusión sigue existiendo porque me encanta aprender, pero la llama casi se ha apagado, a pesar de que queda mucha vela aun por quemar. Ahora me noto mas cansado, me empieza a hartar la rutina y necesito escapar. Aunque al menos, tengo amistades que me ayudan a sobrellevar la rutina con conversaciones, chistes, risas y otras formas de alegrar el día a las personas del aula.

A si que, para resumir un poco, todo esto está pasando demasiado rápido para mí, ya que me gusta tomarme mi tiempo para hacer las cosas, pero de momento me manejo, y espero ser capaz de poder acostumbrarme de nuevo a la rutina.

Diego Ferrera Marín

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