miércoles, 17 de octubre de 2018

Mi inicio de curso, Irene Gallego

Casi imposible


¿Qué se siente al llegar el primer día de clase y no encontrarte en ninguna lista?


10 de septiembre, 8:00 de la mañana, mis ojos abiertos de par en par y mis nervios a flor de piel. No ha sido mi mejor noche, la peor tampoco, una como cualquier otra un primer día de curso, aunque en esta vez eran nervios y sensaciones diferentes. Nervios de no saber qué hacer, de no saber con qué me voy a encontrar y mil y una sensaciones más.


Llegó el momento de vestirme, y como de costumbre, no sabía qué ponerme. Me decidí por una camiseta sencilla y unos vaqueros. ¡Ah! y mis victorias blancas, aunque no tan blancas.


Parecía ser que de alguna manera todas mis amigas sabían su clase menos yo y la curiosidad me mataba, no paraba de darle vueltas al tema. Yo pensando: “Buah Irene, que no tienes clase, tal, cual…”, pero luego lo volvía a pensar y decía: “Irene, no digas tonterías porque eso es imposible.” Pero siento deciros que en esta vida nada es imposible y con mis tontos pensamientos para mi desgracia acerté.


11:15 de la mañana. Me encontraba en el patio del colegio acompañada de una amiga, con la cual me hacía sentir más tranquila. Tres columnas, seis listas delante de mí y tres veces recorrí la mirada sobre ellas. Mis nervios, los cuales ya casi se había esfumado, volvieron a aparecer, y os preguntaréis por qué. Pues no sé por qué extraña razón  mi nombre Irene Gallego Fernández no aparecía en ninguna lista. No penséis que era yo que me lo había pasado o no lo había visto, no, es que realmente mi nombre no estaba escrito en ninguna  lista.


Mis nervios y mi angustia fueron aumentando por momentos. Siento decir que en el salón de actos no me enteré de mucho ya que mis nervios se apoderaron de mí y el constante pensamiento de qué haría me invadía la cabeza.


Entramos en el edificio y me metí en la primera clase que vi que las asignaturas coincidían con las mías, con suerte me pude quedar allí y yo me quedé más tranquila.


Dos días después ya me había acostumbrado a la clase, y finalmente mi tutora me dijo que esta sería mi clase de este nuevo curso. Lo gracioso era cuando los profesores, todos nuevos para mí y supongo que para el resto de mis compañeros también, pasaban lista en clase y yo no aparecía en ninguna lista pero solo fueron los primeros días, ahora estoy muy contenta con mi clase, con los profesores y con mis nuevos compañeros.


Con este extraño comienzo de curso, con sensaciones como una montaña rusa y después de esta trágica, no tan trágica historia, como conclusión saco que como dice la frase “Después de la tormenta siempre llega la calma” y tiene razón, todo lo malo acaba terminando bien y con esto ya lo tengo más que comprobado.







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