MI
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El lunes 10 de septiembre
comencé una nueva etapa en mi vida, el Bachillerato.
Sentía nervios, aunque sabía
que era mi colegio de toda la vida, estaban mis amigos, pero iba a un edificio
nuevo, “el de mayores” y con profesores que no conocía.
Esta sensación la vivía cuando
estaba acabando 4º de la ESO, ya sabía que esta nueva etapa iba a ser dura, que
había que estudiar sí o sí, que todo era más difícil, pero hasta que no llegara
ese día no me lo quería creer al cien por cien.
Y ese día llegó, en el teatro
del colegio, directora nueva, profesores que nunca había visto, otros que me
sonaban su cara y muchas chicas y chicos nuevos. Después de la presentación del
curso, subimos a las clases, me tocó en primero A con pocos compañeros conocidos,
de amigos pocos y el resto venían de otros colegios.
Al ver el horario me preocupé,
ver siete horas el lunes y el martes me dejó impactado, no sabía cómo iba a ser
capaz de adaptarme a tantas horas de clase y encima entrar a las ocho de la
mañana.
Ya ha pasado casi un mes, veo
las cosas de otra manera, el ambiente de clase es bueno, la gente nueva es muy
maja, me estoy adaptando fenomenal a esta nueva etapa de mi vida.
Confirmo lo que me decían, hay
que estudiar diariamente y estar muy atento en clase si quieres sacar provecho
de ella. Ahora estoy tranquilo, me he organizado con mis entrenamientos de
fútbol y todos los días estudio y trabajo.
Respecto a mis amigos, los veo
en el tiempo del recreo y en algunos intercambios de clase, el recreo es una
novedad, puedo salir a la calle, despejarme y comprarme un bocata en mi bar
favorito. Es el momento de comentarnos todo, mi miedo a perderles se ha
acabado, los verdaderos amigos se mantienen aunque estemos en clases distintas
y estudiando diferentes tipos de Bachillerato.
Si volviera a escribir mi
estado de ánimo en el mes de junio me gustaría hacerlo como el que tengo ahora,
ilusionado y con muchas ganas de seguir adelante.
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