Aquí estoy, debajo de mi cama, escondiéndome de mi marido, el cual yo no he elegido, y para evitar que algún jarrón me caiga encima. Se ha vuelto loco, siempre le pasa cada vez que alguien no le obedece. En este caso ha sido el perro, porque le ha pedido un vaso de agua y como es obvio el perro no se lo ha traído y mi marido ha decidido descuartizarlo delante mí, no me quiero ni imaginar lo que pasaría si no le obedezco yo.
Me apetece quedar con mis amigas, ir de compras, trabajar… pero no se me ocurriría pedírselo porque haría conmigo lo mismo que le ha hecho a mi perro.
Tengo miedo, mucho miedo y la rabia y la ira me recorren por dentro. No sé qué hacer, me quiero ir de aquí pero nadie viene a salvarme, nadie me escucha, quiero que me haga caso a mi también, no sé qué será de mí mañana ni lo quiero saber, solo quiero salir de este infierno.
Tú, que has ido a la puerta de su casa y la has visto asustada, dile que no tenga miedo.
Tú, que la has escuchado gritar desde la casa de al lado, dile que no está sola.
Tú, que sabes que no ha salido de casa porque su marido se lo impide, ayúdala.
Tú, que la has visto llorar y con moratones de los golpes que recibe, sácala de ahí.
Dile que ella no tiene la culpa, devuélvela la libertad que el mancebo le ha quitado, dile que no está sola, escúchala y ayúdala a denunciar.
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